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Linfedema, un problema que se debe atacar a tiempo

Aunque muchas veces desconocido, el sistema linfático juega un rol importante en nuestro sistema inmune y la prevención de infecciones. Compuesto por ganglios y vías linfáticas, se encarga de drenar un diez por ciento de todos los desechos de nuestro cuerpo, como proteínas y grasas, que no son absorbidas por nuestras venas. El sistema linfático, a su vez, está conformado por las células que forman parte de nuestras primeras líneas de defensa, conocidas como linfocitos.

Este diez por ciento de drenaje representa, por lo general, alrededor de tres litros de linfa al día. Sin embargo, al hacer mucha actividad física o cambiar nuestra rutina diaria, también cambia la frecuencia cardiaca y aumenta la cantidad de linfa que se produce como deshechos.

Existen casos en los que, por alguna obstrucción de estos ganglios y vías linfáticas, el drenaje de desechos se ve afectado. Entre otras consecuencias, esto puede provocar hinchazones en brazos o piernas conocidas como linfedemas.

Estas linfedemas se dividen en primarias y secundarias: las primarias ocurren cuando el sistema de ganglios linfáticas de alguna zona no puede transportar proteínas grandes para que sean absorbidas por el sistema venoso. Se dan principalmente en niños, niñas, y adolescentes, especialmente después de la primera menstruación.

Las secundarias, más comunes como motivo de consulta, son consecuencia de cirugías o radioterapias que hayan requerido la extirpación o radiación de los ganglios linfáticos, lo cual afecta el proceso de drenaje. Tal es el caso de pacientes con cáncer de mama luego de una mastectomía o de otros tipos de cáncer que requieren radiación como tratamiento.

Desafortunadamente, el éxito en tratamientos contra las linfedemas u otros problemas linfáticos es más difícil si no se diagnostica correctamente a tiempo.

 

Un tratamiento que requiere paciencia

El tratamiento del sistema linfático puede no ser muy cómodo para los pacientes. Contrario a la creencia popular, no se trata de un masaje de las piernas o brazos, sino de ayudar a que las vías linfáticas reabsorban la linfa que queda entre las células.

Este tipo de tratamiento requiere mucha paciencia por parte de los pacientes, en especial aquellos cuyo problema no fue atendido a tiempo. Durante la fase aguda del tratamiento, los terapeutas especializados deben “bajar” lo más que se pueda la linfedema, lo cual requiere de sesiones diarias.

Todos los días se hace el drenaje linfático y se pone un vendaje especial que, por ser de corta elasticidad y multicapas, puede ser tan grueso como un yeso y no muy cómodo. Este tipo de vendaje es necesario para una compresión homogénea y suficiente que permita que este drenaje se mantenga hasta el día siguiente.

 

¿Cuánto puede durar un tratamiento?

Entre más tarde un paciente con linfedema en empezar su tratamiento, la etapa aguda podrá durar más tiempo. Y si el linfedema se convierte en un problema crónico, puede desarrollar fibrosis, la cual es una afección que hace que el tejido se vuelva grueso.

Desafortunadamente, los pacientes con linfedema no suelen acudir con un especialista en tiempo oportuno. De hecho, puede pasar hasta un año de tratamientos sin buenos resultados antes de que llegue con el médico y terapeuta correcto.

Sin embargo, aunque se trata de un tratamiento que puede ser agotador, la mayoría de los pacientes, al seguir todas las indicaciones de su médico, tardan entre dos y cuatro semanas en concluir la fase aguda.

Esto se decidirá por el terapeuta dependiendo de cuánto disminuya la linfedema de una sesión a otra. Si se presentan buenos resultados, se cambian los vendajes gruesos por mangas, y las sesiones pasan de ser diarias a más espaciadas.

Las linfedemas pueden ser muy molestas para quien lo padece, pero, afortunadamente, se estima que el 95% de los pacientes, con tratamientos adecuados, presentan mejorías en su hinchazón.

 

Contacto:
Instituto de Cardiología y Medicina Vascular
Hospital Zambrano Hellion
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