El manejo del Parkinson en sus diferentes etapas

El Parkinson es una enfermedad neurológica que, por ser considerada degenerativa, progresa en su gravedad con el paso del tiempo. Después del Alzheimer, se trata de la segunda enfermedad de este tipo más frecuente; en México, se calcula que alrededor del uno por ciento de la población padece o padecerá Parkinson en algún punto de su vida.

Aunque el Parkinson es multifactorial, es decir, no hay una causa específica o un solo factor importante que cause la enfermedad, se estima que las causas más comunes son del medio ambiente o de alguna infección previa en el sistema nervioso.

En el cerebro existen neuronas llamadas sustancia negra que producen dopamina, un neurotransmisor que, además de estar relacionado con la emotividad y afectividad de las personas, participa en la conducta motora. En un paciente con Parkinson, esta dopamina se degenera y produce síntomas de trastornos en el movimiento.

 

Temblor y rigidez, los síntomas más frecuentes

Dentro de los síntomas motores del Parkinson, quizá el más conocido es el del temblor. Sin embargo, contrario a la creencia popular, en las etapas más tempranas de esta enfermedad, el temblor no se produce al hacer movimientos sino al estar en reposo.

No se trata de que tiemble la mano, por ejemplo, al escribir o cocinar, sino de que este síntoma se presenta cuando una persona está sentada o acostada. Sin embargo, aunque suele ser el síntoma más común, no todos los pacientes con Parkinson lo presentan.

Otro de los síntomas de este tipo es la movilidad lenta, acompañada de rigidez, en los pacientes; éstos empiezan a moverse muy despacio y se les dificulta caminar, vestirse, comer u otras actividades. Durante una consulta con un especialista, éste puede detectar rigidez en los brazos del paciente al sentir resistencia cuando trata de movérselos.

Aunque estos síntomas motores son los más comunes en pacientes con Parkinson, cada caso es distinto; hay pacientes que solo presentan temblor, pero no rigidez en las extremidades, o viceversa. En otros casos, también es posible que estos síntomas solo aparezcan en una etapa más avanzada de la enfermedad.

 

Síntomas más allá del movimiento

Además de los síntomas motores del Parkinson, también existen otros que no están relacionados con la movilidad. Distintas investigaciones han demostrado que la degeneración de la dopamina que provoca esta enfermedad afecta otras áreas del cerebro.

Por ejemplo, hay pacientes que muestran síntomas de depresión, alteraciones en el sueño y problemas urinarios, como vejiga hiperactiva, entre otros. Ya que existen síntomas de diferentes tipos en pacientes con Parkinson, es importante que éstos sean evaluados no solo por neurólogos, sino por otros especialistas.

En una primera fase, esta enfermedad neurológica se puede tratar con tratamientos convencionales, como el uso de levodopa, medicamento que imita a la dopamina. Sin embargo, ya que el Parkinson es degenerativo, existen casos en los que, a medida que los síntomas empeoran, los medicamentos dejan de tener la misma efectividad. Es entonces cuando se llega a la necesidad de otro tipo de terapias, como la cirugía de estimulación cerebral.

 

La cirugía para pacientes con Parkinson avanzado

Desafortunadamente, suele llegar un punto en el que los pacientes empiezan a tener “fluctuaciones motoras” que se pueden explicar con la “regla 5-3-1”: los pacientes que solían tomar medicamentos dos o máximo tres veces al día, ahora necesitan hacerlo hasta cinco veces para poder controlar sus síntomas.

El control de los síntomas dura solo tres horas antes de que se necesite volver a tomar el medicamento, y, por lo menos una vez al día, el paciente experimenta movimientos involuntarios del cuerpo, llamados discinesias, como efecto secundario del medicamento.

Cuando un paciente cumple con estos tres puntos de la “regla 5-3-1”, es necesaria una evaluación por parte de equipo multidisciplinario para saber si se requiere una operación de estimulación cerebral profunda.

La operación consiste en colocar un electrodo en un área específica del cerebro. Éste, parecido a un marcapasos, se encarga de mandar pequeños impulsos eléctricos y modificar los síntomas de la enfermedad, como el temblor, la rigidez y la lentitud de movimientos.

Aunque al hablar de una operación de cerebro se suele imaginar un procedimiento invasivo y peligroso, esta cirugía para pacientes con Parkinson avanzado consiste en incisiones muy pequeñas en la piel y tiene una probabilidad de riesgo de menos del uno por ciento.

 

Alta satisfacción en pacientes de la cirugía

Ya que se trata de una cirugía relativamente simple, por lo general se requieren solo de tres días de hospitalización. Después de esto, el electrodo colocado en los pacientes es evaluado periódicamente por médicos para variar o cambiar el voltaje de los impulsos eléctricos según las necesidades de cada paciente y revisar que todo esté en orden.

Se estima que el índice de satisfacción por parte de quienes se someten a la cirugía está por encima del noventa por ciento. Aunque en un principio suelen existir dudas e inquietudes sobre este procedimiento, los resultados suelen ser muy alentadores: la cantidad de medicamentos que los pacientes deben tomar pueden bajar hasta un cincuenta por ciento, lo que reduce los efectos secundarios y ayuda a que tengan una actividad física más completa, mejorando así su calidad de vida.

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Hospital Zambrano Hellion
Instituto de Neurología y Neurocirugía
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